lunes, 29 de abril de 2013

306.900 minutos

Hace poco he estado en Sevilla una semana. Debería haber ido a Suecia a ver a mi amigo Edu que hace su particular año Erasmus en Linköping, pero a la semana de haber comprado el vuelo con destino a tierras de rubias altas y guapas me informan que justo en medio de las fechas será mi acto de Graduación. Y a Suecia podré ir (o eso espero) muchos otros años, pero días como ése se supone que sólo voy a tener uno. 

Volver a mi querida ciudad es algo que me encanta, pero en primavera Sevilla tiene una vuelta de tuerca de más. Ese olor a azahar, ese sol y esa temperatura, esa Feria... todo ello aderezado con l@s italian@s del año pasado que vuelven a "casa" por Feria, los montaditos de solomillo al whisky del Bar Casa Eme junto con una Cruzcampo bien fría, tus amigos de siempre y tu familia, y la semana que pasas en tu hogar se hace muy intensa. 

Sólo habría bastado que mi pasaje en Sevilla hubiera estado adornado con la Feria de Abril para que se me olvidara de sopetón el dinero que perdí por tener que cambiar los vuelos. Mira que la tengo todos los años, pero es que cada uno que pasa me gusta más. Y dos días me supieron a poco, aunque estuvieran muy cargados: la cena con la Portada enfrente en casa de Pepe, meternos en una caseta de vete tú a saber quién para bailar hasta altas horas, los churros con chocolate de la mañana, el almuerzo en la caseta "Los Puertos", la tarde de caseta en caseta improvisada, la noche con Páris y sus amigas, el encalome en una caseta privada patrocinado por Beca, la despedida con lágrimas en los ojos del Real... (vale, a esto ayudaría seguramente el alcohol ingesto)


Pero además de todo ello, esa semana estuvo marcada por algo muy especial: mi Graduación. En Italia podré celebrar también mi "festa di Laurea", que será por tradición el día en que lea mi tesis (vete tú a saber cuándo), y será una fiesta algo solitaria, pues aquí cada estudiante tiene su propio día de festejo. Pero con todos mis respetos a las tradiciones italianas, por mi parte prefiero nuestra forma de celebrar el final de una etapa universitaria. En mi caso son nada menos que 6 años compartidos con gente extraordinaria, y haberlo celebrado sin ellos hubiera sido, por lo menos, insignificante. 

Ya dijimos José Enrique y yo bastante en el discurso que leímos, así que no me quiero repetir. Pero como este post va dedicado especialmente a todos aquellos que desde primero de carrera han compartido conmigo este camino, querría remarcar que los 306.900 minutos vividos en clase con todos vosotros no serían nada sin los incontables momentos que hemos tenido juntos, tanto dentro como fuera del aula. No sé si a alguno de vosotros os pasará que sólo dentro de un tiempo, cuando esté inmerso en una vida muy diferente a la universitaria, echará la vista atrás y valorará todo lo que vivió en estos 6 años. Yo no quiero esperar ese tiempo, y antes incluso de que acabe este año he rememorado momentos que me han hecho sonreír nostálgico. Son muchos, muchísimos, como para intentar mencionar aquí aunque sólo fuera algunos. 

Antes de empezar la doble licenciatura, alguien me dijo que la etapa universitaria iba a ser la mejor de mi vida. ¿Le faltaba razón? Me gustaría pensar que sí, que se equivocaba, pues terminar ahora y asumir que lo mejor de tu vida ya lo has vivido es bastante triste. Creo que mi forma de ser me ayuda a que de cada cosa saque siempre lo positivo, y a intentar que cada día sea mejor que el anterior. Pero eso no quita que sepa perfectamente que mi experiencia en estos 6 años no se va a volver a repetir. 

Por ello, independientemente de que algunos o muchos de vosotros sigáis presentes en mi vida aún acabando la Universidad, no quiero esperar más para volver a agradeceros todo lo que habéis hecho por mí, aunque no os hayáis dado ni cuenta. Por ser en quienes pensaba cuando estaba desmotivado ante un examen, por esos apuntes prestados, por los muchos mensajes de apoyo en diferentes momentos, por el tiempo que os he robado cuando no entendía algo y me lo teníais que explicar, por acordaros de mí cuando íbais a tomar café o una cerveza, por acogerme en vuestros grupos de amigos cuando no pintaba nada en ellos, por las Semanas Santas, Ferias, Navidades, cumpleaños y tantas fiestas, por aguantar todas mis bromas y gracias, por recibirme siempre con una sonrisa... GRACIAS. 

Esté donde esté, en Italia o donde me lleve la vida, estos 6 años son inolvidables. Y no precisamente por lo que haya hecho yo, sino por lo que habéis hecho vosotros de mí, siendo como sois. Buenas noches... y buena suerte. 



P.D: Y para los que están en la foto de arriba, los que faltan por diversos motivos...y para Conjunta, os dedico esta canción para cada vez que os vengáis abajo:


lunes, 1 de abril de 2013

Ayyy Carmela

Semana Santa algo pasada por agua. Eso es lo que veía por internet al poner la televisión que retransmitía en directo las imágenes de Sevilla. En Pavía, mientras, había hecho unos días bastante buenos. Hasta que llegó mi hermana. 

Jueves por la tarde y llueve en Milán. Carmela se ha traído la lluvia desde Sevilla. No sé qué le habrá hecho al karma en esta u otra vida pasada pero vaya tela. Dejadas las maletas en consigna y habiendo visitado a mi inseparable Burger King, caminamos bajo el paraguas hasta el centro. O al menos con el paraguas, porque el hijo de puta que me lo vendió no me dijo que no haría falta ni una leve brisa de aire para que se abrieran las varillas en mitad de la calle. 

Aparte de ver lo típico, con una hermana no te puede faltar tenerla contenta y entrar en tiendas de ropa a que se le pongan los dientes largos. La Rinascente es un centro comercial al lado del Duomo, estilo "El Corte Inglés" pero sólo con marcas de lujo: Prada, Louis Vuitton, Gucci, Dolce & Gabbana, Armani...en definitiva, 400 € los paraguas así que me quedo con las ganas de comprarme uno que me sirva mejor porque no tengo suelto en ese momento. Todavía abrumados de tanto lujo llegamos a Pavía donde con el tiempo justo (y lloviendo por supuesto) hacemos aperitivo en el Minerva Lounge Bar. Porque igual no nos hemos comprado nada en Milán, pero eso es porque no queríamos: preferimos gastarnos dinero en cenar con los amigos en un sitio "chic" que lleve de coletilla "lounge bar". ¿Qué ocurre luego? Pues nada, lo típico, un poco de Raise, una mamma fragola para tres, la típica cara de quien ve hacer esa monstruosidad por primera vez, un poco de karaoke y para casa. ¿Me duermo en casa para descansar? No, obviamente, es la Madrugá sevillana y allí no llueve, así que me quedo una hora al menos disfrutando en la distancia del Señor de Sevilla y el Sentencia.

El despertador suena para recordarnos que, si mi hermana quiere volver a Sevilla y poder contarle a mis padres que ha hecho algo de turismo aparte de beber todas las noches, habrá que irse a Como. Las combinaciones las miramos anoche pero ni por esas: corremos hasta que nos falta el aire, compramos un billete in extremis y nos montamos en un tren. Demasiado nuevo y lujoso para habernos costado tan poco el viaje. Algo me huele raro. Y como el karma anda rondando por encima de la cabeza de mi hermana y el tiempo parece despejado por esa zona, dos minutos antes de llegar a la estación aparece el revisor: los billetes que hemos comprado no valen para ese tren y hay que pagar la diferencia. "Bueno, tampoco será para tanto", pienso. ¿Jí, no? Pos toma, por chulo 32 euros. Temblando le soltamos el dinero y nos bajamos abatidos del tren. Al menos hace sol. 

En Como entramos en el Duomo (mu bonito, oye) y visitamos, cómo no, una famosa hamburguesería (paso de hacerle publicidad a la competencia, lo que manda es el Burger King de Milano Centrale). Se nos unen Aria y Clara, una amiga que la está visitando estos días. Vamos en autobús a Bellagio y volvemos en ferry (precioso todo, padres, todo muy cultural y naturaleza en estado puro) con Carlota, otra chica de Pavía, con quien trazamos un plan maestro para acojonar a su compañero de piso que está loco. 



Después de que le cobren 50 céntimos por un vaso de agua a Clara en un bar, volvemos a Pavía donde nos espera un botellón en casa de Andrés que he organizado yo. Andrés, que ha llegado este segundo cuatrimestre, debe de estar encantado conmigo pues le he metido en su casa a 3 hombres y el resto mujeres. La cosa no se desmadra demasiado y el otro día mucho quejarse pero ahora bien que le vienen las sillas que le dejamos en casa cortesía del bar que tiene abajo (es una larga historia y no viene al cuento, pero digamos que tá tó pagao). La noche finaliza en Nirvana. Sin incidentes que mencionar, salvo que mi hermana está cogiendo demasiada confianza con mis amigas y se pone a bailar con ellas como si no hubiera mañana. 

Por fin el sábado nos levantamos habiendo dormido algo más que el resto de días y damos una vuelta por Pavía. ¿Cómo? Lloviendo, claro está. Unas cuantas iglesias, el Ponte Coperto, el Duomo, el Castello (ya podría hacerme esta ruta para las visitas con los ojos cerrados) y como viene siendo habitual, café en casa de Pelayo y Jorge, con los que cenamos más tarde en casa. "Salchipapas", plato estrella de Pavía, qué ricas. Por la noche toca reventar casa de Sara. Allí la mitad somos viejos conocidos y la otra mitad visita, pero nos entendemos todos perfectamente y sabemos que mientras no usemos gasolina y fuego la cosa saldrá bien.


Nos echan las propietarias de casa porque tenemos que ir al centro a una sala donde pincha un italiano que conocemos (vamos, que nos encasquetan una fiesta by the face) y luego Cantina, ese local subterráneo lleno de ilegalidad donde se puede fumar y cierra a horas altamente cuestionables en cuanto a órdenes municipales se refiere. Allí dos de nuestras amigas se pasean con sombreros mejicanos ofreciendo Tequila y a mí eso me da miedo porque la noche puede acabar mal, pero como el Tequila y yo no nos llevamos bien escapo de la tentación y vuelvo a casa sano y salvo con mi hermana y Pelayo, no sin antes presenciar como Sara iba hecha peazos y no era capaz ni de ponerse el abrigo sola. Lo dicho, menos mal que no probé el Tequila. Justo al lado de casa vemos pasar enfrente nuestra una chica corriendo. Mi hermana y yo nos miramos. "¿Ésa era Fuchsia?". Afirmativo, lo era. Borracha y sola, Fuchsia (mi nueva compañera inglesa de piso del segundo cuatrimestre de la que no os he hablado porque no he tenido tiempo) ha llegado corriendo a casa desde Cantina y lanza gritos e improperios en la cocina porque ha perdido su chaqueta y la que trae consigo no es la suya. De hecho la tira al suelo cabreada. Luego se acuesta en el sofá y mi hermana la tapa con una manta. Si es que es más atenta mi Carmela... a la mañana siguiente, Fuchsia se despierta en el salón y la oímos hablar consigo mismo "Shit shit shit shit! I lost my jacket!"

Los días que has estado en Pavia, Carmela, no han sido los mejores en cuanto al tiempo, pero sí ha sido increíble el tiempo que has estado. Se me ha hecho cortísimo y no veo la hora de volver en 10 días a Sevilla y bailar unas cuantas sevillanas contigo. Gracias por venir, no voy a poner de nuevo cuánto te quiero, y prepárate porque voy con ganas de Feria. También será corto pero intenso. 

P.D: ...y ya estamos en abril, señores...

lunes, 18 de marzo de 2013

Comiendo nieve

"¡Haz cuña, Santi! ¡Haz cuñaaa! ¡HAZ CUÑAAAAA!"

Y plof. Nieve por todo el cuerpo. Me despierto de la pesadilla que he tenido en la que rememoraba el fin de semana pasado, y me digo a mí mismo "qué buen resumen de lo que fue el fin de semana esquiando". 

Jueves por la noche. Carvajal (recuerden ustedes, uno de mis compañeros de piso) tiene visita, y yo, viendo que no voy a estar en todo el fin de semana, como buen anfitrión decido salir un poco al Raise a tomar una fragolilla. Al fin y al cabo, nos han citado a las 6 de la mañana en la estación de tren de Pavía y ya que no ha salido la noche de empalme en Milán, podré acostarme temprano y dormir algunas horitas para descansar para la nieve. Jí Paco. Quien dice una fragola dice dos, y quien dice noche de tranquileo dice after en casa de Soraya y Cristina con chupitos de vodka melocotón y menta, y después el tiempo justo de ir a casa, coger la maleta y plantarme en la estación. Claro que sí, campeón, tú que nunca has esquiado te gusta el riesgo y vas de empalme a un viaje de muerte y destrucción. 

La gente lleva esquís y tablas, así, unilateralmente, ya de serie. Tú los vas a alquilar y no has esquiado en tu puñetera vida, Santi, PERO LA GENTE LOS LLEVA COMPRADOS. Qué buena señal. ¿Recuerdas que venías ya con la sensación de que todo el mundo va a reírse de ti, pues eres el único que no ha estado nunca en la nieve? Pues ahora no sólo se confirma, sino que se duplica la expectativa. Intentas dormirte en el bus pero los bocinazos repetitivos del conductor te despiertan. Miras por la ventana y el autobús transita por al lado de un precipicio. Ni con 10 cafés te hubieras despertado tan de sopetón. 

Pues ya estamos en Foppolo. El tiempo no es el mejor, pero hay luz suficiente para que vea lo que me espera bajar con los esquís, rodando o medianamente en equilibrio. Glub. Me toca una habitación con 3 mujeres. Tiembla, Santiago. Espero cola para coger el material que me va a tocar sufrir todo el fin de semana, y me apunto a una clase de iniciación de esquí. Me pongo las botas. Ostia tú, qué cosa más incómoda. No sé ni cómo carajo se anda con esto. 


Segundo paso, ponerme los esquís. Bueno, para ir en llano no se me está dando mal andar con estas cosas. Dos profesores nos hacen durante dos horas bajar una y otra vez la rampa final de la pista azul, puesto que no hay pista verde para principiantes. Entre que hay subir en paralelo una y otra vez lo cual cansa tela, que llevo camiseta interior, térmica, jersey de lana y chaquetón de nieve del Decathlon, calcetines térmicos, mallas, pantalones de nieve, gorro, braga y guantes, podría llenar una bañera con mi sudor. Y yo desde verano sin hacer ejercicio. 

Cuando al acabar la clase sin haber aprendido prácticamente nada mis amigas las expertas me dicen de subir con ellas en el telesilla a bajar la pista azul, se me hace un nudo en la garganta. Aria, la única sensata de las niñas, no lo ve nada claro al igual que yo, pero la maldita maña la convence y allí que me suben. 

Primera misión, bajar del telesilla con los esquís puestos sin caerme, FALLIDA. 

Segunda misión, intentar hacer cuña para frenar en rampa, fallida. Me caigo. Me levantan. Sigo un poco más. Me caigo. Me levantan. Cojo una cuesta más empinada. Cojo velocidad. Hago cuña. No freno ni de blas. Me tiro. Así media hora más. Como sólo he bajado la mitad de la pista azul y mis amigas no tienen más abdominales para reírse, Aria hace de alma caritativa y me lleva hasta abajo. Sí, ella delante y yo detrás. 

Primera subida al telesilla: DESASTRE. Toy más cansao que en el último capítulo de Kung Fu. Me duele todo. Tengo todo sudado. Y no he aprendido creo que nada. Mi motivación para la nieve es nula. Menos mal que de la hora del cierre de las pistas hasta la de la cena tenemos un par de horas de descanso. Nunca me había sentado tan bien una ducha caliente. 

La cena es en el hotel, donde Aria nos agrada la velada con anécdotas escatológicas muy propias para la ocasión. El botellón nos dicen de hacerlo todos juntos en el hall del hotel, los de Pavía y los de Milano. Conozco a mucha gente y nos invitan a participar en un juego de beber compitiendo. Qué majos, nos quieren emborrachar. La fiesta de después es en una discoteca cerca del hotel donde prácticamente estamos los 2 autobuses del viaje y alguna viejecilla del pueblo. Aria y Gros se han aliado en un complot malévolo de llenar a todo kiski de post it, y lo consiguen. Qué majicas. 

El sábado me levanto hecho peazos pero temprano para desayunar, hacerme los bocatas del almuerzo y con ganas de coger hoy el toro por los cuernos. Además, el sol nos sonríe a todos:


A lo largo del día subo unas cuantas veces la pista azul, con nuevas almas caritativas que me soportan además de Aria, como Laura y Sara. Me sigo cayendo pero parece que en un porcentaje algo menor, y parece ser que le voy pillando el truco poco a poco a eso de girar, y ya por lo menos no me embalo como antes. Eso sí, mi nivel de agotamiento empieza a ser preocupante. Santi, tienes que hacer más ejercicio. Menos mal que la niebla que baja rollo película de Stephen King me quita las ganas de repetir muchas veces la subida en el telesilla. Después de descansar, en la cena nos avisan de que vamos a hacer un Harlem Shake en el hall. ¿El resultado? Juzgarlo vosotros mismos:


Después de la reventaera que ha supuesto el día entero de nieve, sumado a lo poco que dormí ayer, el viaje, primer día destructivo de aprendizaje y la noche de fiesta, el sábado podría ser un buen día para quedarme en el hotel descansando después de hacer este vídeo. Pero soy un temerario. 

Domingo. Último día. Última misión, bajar la pista azul sin caerme una sola vez: CUMPLIDA. Suena la música de "We are the Champions" de The Queen. Además, esta vez no soy yo el que se cae, pues las inglesas están probando por primera vez el snow y no están cayéndose poco que digamos. Tó motivao, intento repetir bajar otra vez para despedirme. Me caigo 2 veces porque las piernas ya no me responden. Te has ido de guay, Castro. 

En resumen: para lo torpe que soy, el primer día nefasto que tuve y no haber esquiado antes en mi vida, me ha gustado la experiencia. Gracias a los que habéis tenido paciencia conmigo y me habéis acompañado en mis caídas. Prometo repetir si puedo y algún día, quién sabe, ser yo el el paciente que vaya detrás de un torpe principiante que no para de comer nieve. 

jueves, 14 de marzo de 2013

Reencuentro sienés

Me remonto al 27 de febrero (lo sé, llevaba esto un poco atrasado). 

Pablo, ese personaje de Rochelambert que vino en su día a Pavía malo como un dolor, vuelve a la acción. Esta vez parece que viene con las pilas cargadas. Por la noche es la cena de despedida de Anna Catalana, esa chica que me ha estado aguantando infinitas bromas con infinita paciencia durante un cuatrimestre entero. En el Mezzaluna, pizzería caracterizada porque si reservas para 20 personas o más, por 10 € te dan pizza a elección y cerveza y vino ilimitado, nos ponemos tibios. De comer y de beber. Pero la noche sigue y hay que beber Pampero en mi casa. La cuestión es si conseguiremos coger la botella de Pampero, porque cuando llegamos hay más gente que en la guerra. Salón, cocina y pasillo invadidos por gente de pié, sentados contra la pared, desconocidos, novicias...Quitando los 3 desmayos seguidos que tuvo Pelayo en mi salón por causas aún desconocidas (qué le gusta llamar la atención), la noche cumplió: discoteca Nirvana, fragola por aquí, bocadillo de desayuno de camino a casa, y fin.

Lo jodido es levantarse. No recuerdo bien exactamente, pero juraría que a las 9 sonó el despertador. Cuando llegamos a la estación de Pavía, el único tren que podemos coger para llegar a Milán es el caro, pero mi tiesura me hace comprarme el billete barato. ERROR. Pasa el revisor, no me perdona ni siquiera que me haga el despistao y me cobra 8 "euritos" de más. Al llegar tenemos poco tiempo para coger el tren que tengo comprado a Turín y que Pablo con su chanchullo tiene que comprar, pero se me ralentiza el ritmo cardíaco cuando me doy cuenta de dos cosas:

1) El billete que compré online era un ofertón y es de los caros, ergo a Pablo el chanchullo no le vale.

2) Los 3 billetes de retorno desde Turín que también había comprado online y que me habían costado 33 "euritos" me los he dejado en Pavía. 

El viaje a Turín está siendo un éxito, oiga. A Pablo se le han acabao los familiares contra los que blasfemar y optamos por tomarnos la cosa con relajación, volvernos a Pavía, coger todo, comer tranquilamente (¡aúpa Burger!) y llegar a Turín por la tarde. Y allí que me encuentro con ese par de golfos con el que compartí el que por ahora ha sido el mejor año de mi vida: Víctor "Tifiderio Cagaprisas" y Luisao "Sabroso Golfo", que se llevan la sorpresa de ver a Pablo al que no esperaban, además de las bellas Ilaria y Giulia, sonrientes como siempre. 


Feliz reencuentro en Italia todos de nuevo, sino fuera porque cuando les comento el problemilla de nuestra vuelta a Pavia y demás, Víctor (que demuestra aquí el por qué fue el mejor de su Máster) comenta "pero illo, si lo habías comprao por Internet, ¿no podías volver a imprimir los billetes con un pen drive aquí?". No hay fotos de la cara de Pablo. Mejor. 

Qué mejor manera que birra Wührer y bocadillos como en los viejos tiempos para el reencuentro. La noche se anima y caen varios chupitos en Nomeacuerdodonde. Luego Giulia nos cuela en una discoteca cuyo nombre no augura nada bueno: Cutre. Nos cuela literalmente, porque la cola llega de allí a Pavía. ¿Razón? Al parecer actúan dentro esta noche un grupo cómico muy conocido ahora en Italia que se dedica a liarla allí donde va. Ni pajorela personal de quiénes eran sino fuera porque nos habían enseñao vídeos antes. Discoteca buena con buena música y buenas perras. Si alguna se siente ofendida lo siento, pero no se me ocurría forma más fina de decirlo. 

Despedida de las italianas, almuerzo tempranero en McDonald's (vaya preparación para el Evento Nazionale loco) y llegada a Milán. Pablo la maricona no defrauda y se va directamente a Pavía, pero yo me quedo dando una vuelta con estos por la ciudad de la moda. A la vuelta en Pavía hay poco tiempo, pues la noche va para largo. Lo primero, cena en Mezzaluna. AGAIN. Más pizza gigante, más cerveza, más preparación para el Evento Nazionale. Ya entonados cogemos el tren a Milán, donde Pablo y yo entretenemos a nuestro público con sevillanas del estilo "alla porta di Toledo, mamma, ho gelossia". La discoteca que nos espera es la más grande de Milán así que os podéis imaginar: Alcatraz. Hoy hay fiesta organizada porque la ESN de Pavía no tiene nada mejor que hacer que VOLVER a hacer un Welcome Month para la gente del segundo cuatrimestre, por si con el del primero no hubiéramos tenido bastante. ¿Y quién faltaba por unirse a nosotros, por si éramos poco y no había parío aún la abuela? Pues el Acho. Con un colega suyo, venidos desde Bolonia. Ya estamos los 6. Noche memorable. Vuelta in extremis cogiendo el tren in the limit. Reventaera máxima. 


Por fin podemos dormir una noche hasta descansar medianamente bien. Eso a pesar de que el Acho es un tocapelotas que hasta las 6 no le abre la consigna de la estación de Milán y llega más tarde a mi casa con el consiguiente despertar mañanero. ¿Cómo dormimos 6 tíos en mi casa además de lo que ya hay metido de por sí? Bueno, soy campeón mundial de Tetris, no preocuparse. 

Habíamos hablado de que el sábado, después de los 2 días intensos que habíamos tenido, podría ser en mi casa con algún bocadillo que otro y vídeos de Youtube. Pero ni de blas. Vamos con Alessio a tomarnos una copilla al lao de mi casa donde te ponen cubata y chupito por 2,5€, y después a casa de Sara. En casa de Sara DA LA CASUALIDAD de que hay poco macho, mucha hembra y muchas ganas de fiesta. Nuestro plan de tranqui queda aniquilado. Convertimos su salón en una discoteca y nos da una hora razonable: las 4. Pero aún así tenemos que aguantar: nos hemos declarado en huelga. Hoy hay sciopero, aunque algunos parece ser que cumplen servicios mínimos. Malditos esquiroles. 



Mi preocupación de que todo saliera bien el fin de semana se desvanece: nos ha hecho buen tiempo, hemos hecho turismo, hemos salido todos los días y, sobre todo, hemos reído mucho, muchísimo, hasta faltarnos el aire. El reencuentro que tanto quería con Víctor, Luisao, el Acho y Paolo Come Va superó las expectativas generadas. Y la razón es obvia: cuando una panda de golfos se juntan, ya se pueden quedar en una casa encerrados que el descojone y los buenos ratos van a surgir solos. 

Gracias chavales por venir. Por mí hubiera caído un segundo Erasmus juntos y lo sabéis. Mi hígado, pulmones y neuronas no dirían lo mismo. 

martes, 5 de marzo de 2013

De Champions y sorpresas

Las personas, por tradición, celebramos los cumpleaños. No sé si en todo el mundo, pero hasta donde me abarca a mí, sí. Y es cierto que todos los años deberían ser iguales...pero cuando me di cuenta que mi hermana haría 30 años estando yo en Pavía, me negué en rotundo. Así que me compré un vuelo allá por diciembre para la fecha en cuestión, se lo dije solamente a mi padre y aguanté Navidades en familia y demás ocasiones de debilidad sin soltar ni pío, ni siquiera a mis amigos. ¿Fecha exacta del vuelo de ida a Sevilla? 21 de febrero a las 6:45 de la mañana. 

A todo esto hay que sumar que allá por diciembre, si no recuerdo mal, se hizo el sorteo para los octavos de final de la UEFA Champions League. Y a mi querido Barça (aunque estos días me ha dado más penas que alegrías) le tocó el Milan. ¿Fecha exacta del partido? 20 de febrero a las 20:45. 

Miércoles 20 de febrero. 8 de la mañana. 

Suena el despertador. Después de haber dormido unas 6 horas, me tomo un desayuno y salgo a coger un autobús (cosa poco frecuente en mí en esta ciudad). Me paro en el típico sitio donde ya ni siquiera hay calles de ciudad normales y corrientes, sino carreteras/autovías que te hacen jugarte la vida. ¿Para qué estoy haciendo todo esto? Pues para recoger el jodido paquete que lleva 3 semanas dando vuelta desde que me lo enviaron desde Sevilla y que no ha habido manera de que llegue a mi casa. No sin cierto problemilla consigo finalmente que me den el dichoso envío, cojo el bus y me paro al lado de la estación de tren. Entro en una tienda de fotografías a que me revelen y enmarquen ésta y otras fotos:


Primer regalo averiguao. Andando a casa con la caja y las bolsas casi la lío parda pero todos sobrevivimos. En casa termino de hacer la maleta, me hago unos bocatas, abro el paquete (JODER, RESERVAS DE CHACINAS...) y me voy a la estación. A partir de aquí, todo el día que me quedaba empezaba a ser improvisado. Y son las 11 y poco de la mañana. 

A la estación llego corriendo porque mi memoria mi dice que en breve sale un tren que me lleva a Milano Centrale. PERO NO. Falta una hora para el siguiente y yo paso de esperar tanto, así que me compro un billete a Centrale y pillo un tren que llega a Milano Bovisa. BOVISA, vete tú a saber onde caraho está eso. Bueno, no pasa nada, ahí viene un revisor y le podrás pregunt...espera chulo, que tú tienes un billete que no es el correcto. RÁPIDO, REACCIONA, ¿QUÉ HARÍA CHUCK NORRIS? La mejor defensa es un buen ataque. Me adelanto a que llegue a mí y le informo de que me he equivocado al comprar el billete y que no sé si con este tren llego a Centrale. Le doy un billete. Lo mira. Me dice que ese billete es para 3 personas. Lo miro. Le acabo de dar un billete reusado no sé cuántas veces que si se llega a dar cuenta la multa sería todavía peor. Le doy el que es, me explica qué tengo que hacer y no me echa en cara nada. EPIC WIN. 

Ya en Centrale le compro una caja de pinturas de Sephora a mi hermana. Segundo regalo averiguao. La meto en la maleta, dejo ésta en consigna y me pillo un metro al Duomo. Allí ya se palpa el ambiente de Champions: banderas, cánticos y borrachos por tos laos. Sigo las indicaciones de mi GPS para llegar al hotel de concentración del Barça. El GPS me envía a 2 kilómetros de allí. Recorridos 50 metros, veo mucha gente y un autobús con fotos de jugadores: estoy en el hotel del Barça. Le van a volver a hacer caso a mi GPS 2 personas. A partir de ahí el plan lo había trazado a grosso modo mi amigo Álvaro de Badajoz: tú vete al hotel del Barça el día del partido por la mañana, intenta buscar por allí a alguien que sea utillero o de la directiva del equipo, y pregúntale si tiene entradas para venderte, porque normalmente al club le dan en Champions un número de entradas para familiares, amigos y demás y si les sobran, no les importa venderlas a aficionados. El plan era mu bonito, pero alrededor del hotel del Barça hay vallas, un maromo que impide el paso si no estás en lista cual discoteca se tratase, y lo que no hay es ni utilleros ni su puta madre. Bueno Santi, pues hasta las 2:45 de la madrugada que cojas el bus al aeropuerto dime tú qué coño haces. 

Me tiro aproximadamente una hora alrededor del hotel intentando ver si sale alguien o escucho algún comentario de horarios: hasta las 18:30 no saldrán hacia el estadio, así que ni de blas. Pues nada, voy a comerme uno de los bocatas. Me da por hacerlo cerca de 3 hombres con equipación del Barça. Afirmativo: hablan catalán. Se les acercan 2 sudamericanos y cuando veo que les contestan en castellano me digo "ésta es la mía" y me acerco en plan OLA K ASE a saludar. Cuando les pregunto que si van al partido y me dicen que sí viene mi oportunidad, y con cara de apenado les suelto que lamentablamente yo no porque no quedaban (falso totalmente, quedaban pero ni Cristo iba a gastarse 130 € en ese partido). Y entonces, con un redoble de tambor, uno de los catalanes me mira y me dice "¿tú quieres una entrada?". Juraría que el corazón estuvo 2 segundos sin palpitarme, y cuando me vuelve a correr la sangre empiezo a negociar. "100 €". "Ufff, chungo". "80 €". "Mmm...es que soy becario y me la han bajao este año...". "¿70?". Y entonces me la juego. No recordaba cuánto me quedaba en la cartera, así que le digo que antes de seguir regateando debería mirar si tengo lo que me pide, porque si no tendría que ir a sacar dinero. Y cuando la abro vislumbro 50 €. Mis 50 € salvadores que hacen que le dé pena al colega y acepta. 


Después del favor que me acaban de hacer, me quedo hablando con los 3 una hora, además porque son tó güena gente. No obstante hay dos problemas que me rondan la cabeza:

1) ¿Y si la entrada es falsa?
2) ¿Qué carajo hago yo con la maleta que está en la consigna?

Intento resolver lo segundo antes de que lleguen Jordi y sus amigos que vienen de visita (sí, todos con entradas compradas antes, y Jordi la maricona no tuvo el detalle de comprarme una a mí...TE VAS A CAGAR, MAÑICO). Lo primero lo resuelvo cuando llegan y comparo mi entrada con la suya: totalmente idénticas. Lo otro, de momento, es una incógnita porque mis contactos de Milán no dan señales de vida. 

La tarde la pasamos contagiándonos del ambiente del partido, tomando un cafelillo y reuniéndonos con Bea (otra maña que estudia en Milán) y sus amigos. Me la presentan, previa información de que ella vive en una residencia aquí. Si he dado ya pena una vez hoy, ¿por qué no una segunda? "Pues nada, yo es que me tendré que salir antes de partido a recoger la maleta que está en la consigna y la cierran a las 23:00..." La bondad humana me sonríe y la chavala se ofrece encantada a dejarla en su residencia. Muy buena gente, NO COMO LA MARICONA DE JORDI. Nos separamos de él y sus amigos mientras cogemos combinaciones de metro a Centrale, recojo la maleta, otra combinación larga hasta la residencia de Bea, dejamos la maleta, y otra combinación larga hasta San Siro. El ambiente de metro espectacular. Eso sí, las 2 horas de previa en el estadio que pretendíamos se quedan en 10 minutos. 



Del partido mejor ni hablo. Eso sí, ambientazo como nunca había vivido. Al terminar la catástrofe, nos tienen a los visitantes esperando 45 minutos y entonces nos dejan salir. Mis amigos que tienen que volver a Pavía pierden el tren y nosotros el metro, así que venga, en bus y tranvía a la residencia echamos más de una hora. Cuando llegamos encima a las horas que son nos tenemos que colar por una ventana para poder entrar. Después de tirarme un rato allí, me indican cómo llegar a Milano Centrale. Digamos que Milán de noche no es la ciudad más segura del mundo, pero si tienes que coger el autobús nocturno que tuve que coger yo...Ciudad Juárez es el paraíso. 


Jueves, 21 de febrero. 9 de la mañana. 

No obstante, he llegado vivo a Sevilla. Aquí intentaré ser más breve porque se me está yendo de las manos el correo y creo que se puede resumir mejor: siempre es bonito volver a tu ciudad, pero más aún cuando nadie se lo espera y a todos les alegra. Los gritos de mi abuela y mi madre al entrar en casa, las lágrimas de mi hermana al verme, y la grata sorpresa que se llevó algún que otro amigo, merecen las más de 24 horas de odisea hasta llegar a casa. A pesar de saber que te estás perdiendo la juerga padre en Pavía y que cada vez te quedan menos meses para seguir disfrutando de ella, la comida BUENA, la Cruzcampo, la temperatura, el centro, los cuidados y cariños de tu familia y la felicidad de tu hermana son cosas que te hacen estar muy feliz en casa. Y la compañía de tus amigos, las tonterías del Beca, la sorpresa a Laura, el descubrir los Corralones junto a Páris, Zafra y compañía, el salir por el centro con los italianos a los que les di la charla de Sevilla, son otras que me ayudan a decir "cuando vuelva, tampoco me va a faltar de ná". 

Y como debería ser la protagonista de esta entrada, aunque al final se me ha ido por otros derroteros, volver a Sevilla me alejará de mucha gente a la que quiero, pero me devolverá a estar con la que más paciencia tiene, la que siempre me escucha cuando tengo algo que contarle, la que siempre me cuenta cuando tiene algo que decirme, la que me acogía en su cama de pequeño cuando al mudarnos dejamos de dormir en la misma habitación y a mí me daba miedo dormir solo, la que ilumina con su sonrisa el 22 de Ramón y Cajal...en definitiva, la que con sus 30 añitos ha demostrado que fue, es, y será, la mejor hermana del mundo. 


lunes, 18 de febrero de 2013

Hasta pronto, rubia

Exactamente mañana va a hacer 5 meses que llevo aquí en Pavía. Lo cual quiere decir que me quedarán exactamente otros 5. Lo cual quiere decir que estaré exactamente en el ecuador de mi segundo Erasmus improvisado. 

Y eso se nota. 

Se nota porque hace unos días que acabé todos los exámenes (todos bien, por cierto). Porque empieza a hacer menos frío (al menos por momentos). Porque ya hay comentarios entre los amigos del estilo "oye, a partir de ahora hay que darlo todo todos los días". Porque el número de visitas, excursiones y viajes se multiplican. En general, se nota por cosas buenas. 

Salvo por una cosa. 

Los Erasmus tienen fecha de caducidad, eso duele asimilarlo pero es así. El problema es que no todos tienen la misma fecha de caducidad. Y claro, cuando en mitad de lo bueno te dicen que alguien muy especial se tiene que ir y no va a estar ya todos los días en Pavía se te queda el cuerpo muy, muy cortao. Sobre todo cuando tú mismo hiciste carambolas tu último día antes de volverte por Navidades para que esa persona se quedase hasta el final contigo. 

Pero qué le vamos a hacer, no todo me puede salir bien siempre. Y aquella persona con la que había echado tantas mañanas, tardes y noches, tantos cafés, almuerzos y cenas, tantas copas, cervezas y chupitos, tantas charlas, tantas risas, de repente se me va. A mí y a todos los que la queremos tanto por Pavía. 

Por eso, pero porque sé también que volverá y que siempre tendremos tiempo de un penúltimo todo, te deseo lo mejor por Madrid y que no tardes en comprarte un vuelo a Bérgamo. Te echamos de menos, pero te esperamos con frágolas. 


miércoles, 13 de febrero de 2013

L & P

Se puede decir que ya había tenido visitas en Pavía (mi amigo Pablo. Sofía y Cristina las portuguesas. ¿Adrián que iba a ser mi compañero de Doble Titulación?), pero hasta el jueves pasado, ninguna que OFICIALMENTE hubiera cogido un vuelo desde España para venir a verme exclusivamente a mí. 

Hace sol, no demasiado frío, y como suele ser habitual últimamente llego más tarde de lo normal a recibirlas (aunque esta vez tengo medianamente cierta excusa). Allí están, Laura y Páris, con cierta cara de "¿en serio nos has hecho esperar A NOSOTRAS?" que disimulan muy bien, y sin haber entrado aún en arrebato comprador compulsivo. Después de comer en mi querido Burger de la estación de tren (donde he de decir que soy el que menos come. Malditas gordas, creo que van a dejarme mi despensa tiritando), dejamos las maletas en la consigna: 10 minutos esperando donde no era con un cartel enorme que lo indicaba, y gente que posteriormente aprovechó para colarse. Pero Páris controla sus instintos asesinos. 

El día está propicio para ir andando a todos lados: bajamos por la calle de tiendas, tomamos un café (se enfadan conmigo porque no les explico antes de pedir que existe uno con Nutella. Empezamos bien), cruzamos las galerías, vemos el Duomo, andamos hasta el Castello y todo de vuelta a pié. No hizo falta que llegara el día siguiente: ya en el tren a Pavía las agujetas en los gemelos me dijeron "Ola K Ase". 



Llegamos a Casa Fagioli para dejar las cosas y llega su primer encontronazo con la realidad Erasmus: la fiesta de ayer se nos fue totalmente de las manos y no nos ha dao tiempo a ninguno de limpiar nada. Salimos de la pocilga de mi casa a hacer un aperitivo al Minerva Lounge Bar. SÍ, DE SIBARITA Y TÓ COOL, PORQUE HABÍA HASTA QUE RESERVAR. Por 7 € nos ponemos como el kiko (el tal kiko éste tenía que ser una jodida bola de grasa). Después vamos al Black Bull, bar que se caracteriza por poner jarras de cerveza estilo Oktoberfest por 5 €. Me siento entre mis amigas y la visita de Irene a la que martirizo a mi manera hasta que me odia. La cosa se anima poco a poco, hasta tal punto de que me veo solo en una mesa con 20 mujeres. Y no, no es una ventaja competitiva: ninguna acabó en mi cama. En el Raise mis amigas conocen cómo se hace la famosa Fragola, y concretamente, a la poderosa mamma Fragola. Después acabamos la noche en casa de 3 andaluces, uno de ellos Dito del que no sé si os he hablado, pero que es un maldito personaje que siempre acaba hecho peazos



El viernes se supone que nos íbamos a levantar temprano para ir al Lago di Como. Pero se levantan dos personas. Damos una pequeña vuelta por alguno de los sitios que hay que ver de Pavía y almorzamos con Eva (mi rubia preferida de Pavía, merece mención aparte) y Rita (nueva incorporación canaria del segundo cuatrimestre). Pillamos terraza con sol, esto no está siendo normal. 



Por la noche viene Alessio a cocinarnos a casa: rissotto alla monzesse (o cómo coño fuera) que estaba tremendísimo. Se nos une Fra, otro italiano de la ESN, y después unos amigos suyos que estuvieron también de Erasmus en Sevilla como él. Nos vamos a un bar de nueva apertura al lao de mi casa, donde el camarero es vecino de Alessio y dice que viernes y sábados pondrán de momento copa + chupito a 2,5 €: se confirma. Lo que también se confirma es que el camarero, Roberto, es un jodido personaje: Robbie, harme ya el carné VIP de La Dolce Vitta. Después de bebernos alguna que otra, vamos al Raise (un'altra volta) donde hay más gente fuera que dentro. La fiesta se supone que debería terminar temprano: para nosotros porque tenemos Lago di Como, 2º intento, y para el resto porque mañana a las 7 de la mañana salen para el viaje a los carnavales de Venecia. Pero no contaban con el after en casa de Dito. Maldito liante. Yo llego a casa exactamente a las 7 y los Álvaros, que deberían estar hace 10 minutos en la estación, están tirando ropa en sus maletas a toda ostia. Así son ellos. 


Efectivamente el sábado se levantan temprano exactamente las mismas dos personas de ayer. Cocino en casa para mis niñas y después de remolonear damos una última vuelta por Pavía. Por la noche vienen a cenar pizza unos cuantos a casa, entre ellos Carlos de Mallorca. Con pocos años más que yo este tío ha vivido en Inglaterra, Norte y Sudamérica, está en proceso de divorcio, trabaja actualmente construyendo barcos aquí en Pavía y tiene un Lexus. Lexus que ofrece a la mañana siguiente para llevarnos a Lago di Como. Grande, abemus vehículo. En la cena/copas de mi casa me quedo alucinado con las historias sobre Italia y España que me cuenta Fra. Laura y Páris son unas mariconas que se quedan apamplás en casa sin salir, y el menda se va con la gente al bar de ayer. Está cerrando pero al vernos el camarero nos abre y nos dice que nos sirve la última. Maldito puto capo. 

Y llega el domingo. POR FIN, Lago di Como. Peeero lo que no os había contado es que yo había recibido una llamada dos días antes ofreciéndome un trabajillo. Así que el menda, después de haber dormido 3 horas, se presenta en un estudio de grabación en Milán a ser la voz del listening del típico examen de nivel de español. ¿Cómo os quedáis? Pues fijo que os la suda, pero yo estaba muy orgulloso. Totá, que después de estar 3 horas y media grabando allí y haber hecho esperar fuera a mis amigas y Carlos más de una hora, nos vamos a Como. Debemos haber sido los 3 cojonudos con el karma porque de nuevo tenemos sol. Eso sí, "más frío que en la celebración de la participación por primera vez en el Sacramento de la Eucaristía del adorable dibujito de plastilina conocido como Pingu", by Laura. Pero merece la pena: el Lago di Como es definitivamente si cabe más bonito de como lo pintaba la gente, en el paseo en barco casi morimos congelados pero tuvo su encanto, y Bellagio es la ostia de bonito...y la ostia caro, joder, 3 euros por cada puto café y bendito el día en que decidí invitar por haber trabajado (cierta persona me debe aún algo por ser afortunada en el juego...EJEM). 

Laura y Páris, ha sido un placer teneros. Casa Fagioli guarda un pedacito de cada una de vosotras...hasta que se acaben las chacinas que me trajisteis. Después a comprar otro vuelo y a renovar, mamonas.