lunes, 15 de junio de 2015

Los contextos

Después de casi un año sin tocar mi blog, lo retomo con un poco de polémica, pero antes de que empiecen a estallar noticias rimbombantes como ésta, necesito estallar yo. 

Todos hemos asistido estos días a un bombardeo en los medios, en todos y cada uno de ellos, contra Guillermo Zapata. Sí, el edil del Ayuntamiento de Madrid del que se han sacado una serie de tweets la mar de ofensivos, como si fuera el único villano de Twitter que saca a relucir chistes negros. Se ve que el humor negro, se use cuando y donde se use, es más lacerante, por ejemplo, que la Presidenta del FMI, con un salario anual insultante, no pare de dar recomendaciones a los países del sur de Europa sobre bajar los salarios (¿aún más?). O que en mi tierra vuelva a gobernar por trigésimo sexta vez un partido envuelto en tramas de corrupción que me daría pena volver a comentar. O que la forma de tratar a seres humanos que se van de sus países con condiciones lamentables e igualmente viajan en condiciones lamentables, sea hacer un baremo entre Estados supuestamente avanzados y defensores de los Derechos Humanos con, simple y llanamente, "oye, ni pa ti ni pa mí, 4.000 para ti y 4.000 para mí". 

Lo que más me sorprende es como, cuando habla la señora Lagarde sobre esas medidas, mucha gente de la calle normal y corriente, cuyo poder adquisitivo está a años luz de ella, se desvive en defender esas medidas. ¿Y por qué? Por un contexto. "Con la situación económica de España y Grecia, hay que abaratarle la contratación al empresario medio para que se reactive el mercado, puesto que el contexto actual lo requiere". Lo del PSOE en Andalucía parece ser que se resuelve con un contexto de "es que Susanita no estaba metida en nada de esto y va a tener mano dura contra los corruptos. El contexto ha cambiado". En cuanto a los inmigrantes, es mucho más fácil y tajante en palabras de nuestro actual Presidente, casi no hace falta ni contexto aquí: "No pueden entrar todos. No cabemos"

Sin embargo, me hallo sorprendido con el siguiente contexto:

2011. 

- Nacho Vigalondo, actor y director que se hizo famoso por un corto-musical en blanco y negro que llegó a los Oscar, lanza en Twitter unos comentarios negando el holocausto, en tono supuestamente de humor, cosa que no voy a entrar a debatir, y lo despiden de El País. 

- Guillermo Zapata, amante del cine y de las obras de Vigalondo (recordemos que iba a ser Concejal de Cultura y Deporte), empieza a comentar en Twitter sobre los límites del humor negro, y a modo de ejemplo, publica una serie de chistes entrecomillados de cara a animar el debate. 

Y no pasó absolutamente nada hasta...

2015.

- "Ahora Madrid" queda como segundo partido más votado en el Ayuntamiento de Madrid, y semanas después consigue pactar de manera que, muchos años después, se desbanca al PP de la capital. Manuela Carmena, su líder, es investida Alcaldesa.

- 48 horas después saltan a la luz los tweets de Guillermo Zapata. Literales, sin lo que les precedía, como si fueran escritos tal cual, sin contexto, y estuviera totalmente de acuerdo con ellos. Los medios de comunicación se enzarzan en ver quién gana en caldear el ambiente y defenestrar a la persona de Zapata sin entrar a valorar ni el por qué, ni el cómo, ni el cuándo. 

Y en esas estamos. En un país donde mucha gente seguirá opinando lo que opinen su medios de comunicación, poniendo contextos y quitándolos a su antojo y según le convenga.

Y el contexto es, señores, que hace apenas 2 días que se han constituido los ayuntamientos de este país, y que supuestamente se avecinaban cambios. Mucho me temo que a este ritmo, la cosa durará poco. 

martes, 22 de julio de 2014

Il Dottore


Ahora sí que sí. A menos que me toquen mucho le uova la Universidad ahora, 6 años y 10 meses después soy Doble Licenciado en arriquitáun por Sevilla y Dottore in aguachimain por Pavía. A quién carajo le importa de qué, coged mi tarjeta de visita y enteraos (SÍ, TENGO UNA JODIDA TARJETA DE VISITA PROFESIONAL, APARTE DE LA BUENA Y MÍTICA DE PROXENETA). 

En escasos días se cumple un año de que volviera de Pavía y haber vuelto allí sin la mayoría de gente del año pasado no ha molado. Pavía seguía como la recordaba, como si hiciera una semana que me hubiera ido. Pero no era la misma. Sin mi gente, como se dice por mi tierra, mi Casa Fagioli y todo lo demás, Pavía ya no me pertenecía. Pertenecía a la nueva generación Erasmus que precisamente la abandonaba estos días. Y me jode, pero hay que aguantarse y ceder el testigo. Menos mal que dos buenos prendas me acompañaron, me oyeron soltar una presentación deleznable, me compraron corona, me ataron, me emborracharon, y junto a ellos, un Alessio que me ha aguantado en la distancia lo inaguantable a santo de la dichosa tesis también ha dado el callo. 



Respecto a reflexiones varias, paso de entramparme que he releído las últimas entradas y no veas como me pongo de sentimental. Que sí, que esto ya SÍ QUE SÍ es un auténtico fin de ciclo (se nota que soy del Barça y vamos a la par) y que la vida que me espera ahora es bien diferente y que adiós Universidad y los mejores años de mi vida y que me vuelvo un adulto y todas esas cosas que si lo pusiera bonito me quedaría de Nobel pero con ser Doppio o Triplo Dottore creo que me conformo de momento. 

Pues eso, a mí hora tratarme con respeto que tengo más títulos que el Rey (aunque no me sirvan pa ná), que encima el de ahora es colega mío. Arrivederci Università

P.D: Lo de la presentación deleznable se entiende, por cierto, después de nada más llegar en avión a Milán dejar las maletas y lanzarme al foso con la fiesta esta:


jueves, 19 de septiembre de 2013

Nostalgia y envidia

El azar ha querido que el posiblemente último examen universitario que haga en mi vida coincida en el tiempo cuando se cumple exactamente un año de mi partida a Pavía. Luego me quedarán por delante que si Prácticum, tessina (o final dissertation si soy acorde al idioma en que tendré que hacerla) y vete tú a saber qué más sorpresas me puede traer mi redoble final universitario. Pero hoy me siento mayor, jodidamente mayor.

He estado estos días vagando por los pasillos de las dos facultades que me han acogido 6 años y la melancolía me ha estado atacando a base de hachazos. Todo formaba parte de una imagen extraña, situado en esa delgada línea entre lo real y lo soñado. Todavía recuerdo los detalles de ese primer día en la Facultad de Económicas, de como todo me resultaba absolutamente desconocido, de cómo fui entablando  las primeras conversaciones con novicios que se hallaban como yo. Con muchos de ellos, ahora buenos amigos, me encanta rememorar ese primer cruce de miradas, esa primera frase, dónde fue, qué dijo cada uno, cómo de mal le caí a tal o cual.

Es curioso como esa memoria selectiva nos permite recordar hasta el más mínimo detalle de una determinada situación que pasó hace ya años (cuando a mí me cuesta ahora memorizar un tipo porcentual aplicable a una base de cotización por contingencias profesionales), pero en cambio no nos permite vernos a nosotros mismos. Lógico por otra parte, claro. Si no, intenta hacer memoria. Cualquier anécdota de cuando tenías 8, 16 ó 24 años. ¿Te ves a ti mismo? ¿Cómo era tu cara? ¿Estabas gordo, delgado, eras fuerte, tenías granos en la cara? No hagas trampas y respondas en base a las fotos o vídeos que hayas visto. Por ti mismo eres incapaz de recordarte. Sólo el ver una foto o un vídeo nos descubre la cruda realidad: has crecido, has cambiado...y oye, parece que no te sienta mal.

Pero aunque no te sienta mal te jode. Como me jode a mí ver estos días las fotos del primer año de carrera. Ésa que puede que ya haya terminado, si a una señora que tiene que corregirme le caigo en gracia.


Sí, definitivamente veo a ese Santi y le envidio. Por todo lo que le queda por pasar, aprender, reír, llorar, ilusionarse, divertirse, conocer gente, viajar, besar, abrazar, beber, bailar, disfrutar...y por supuesto mejorar y madurar, o al menos darse cuenta de que la combinación cresta + perilla + camisetablancadebajodelacamisa no es buena.

Me recorre la misma sensación cuando veo fotos de los primeros días de Pavía. Y no puedo más que envidiar a ese Santi que tanto le quedaba por vivir, como envidio a los que ahora se van allí a hacer exámenes y verse de nuevo con la gente, tomarse de nuevo unas frágolas y repetir las noches de Duomo junto a aquellos que llegan nuevos que a su vez no saben lo que les espera, y dentro de un año volverán para ser ello los experimentados que están de vuelta y dan la bienvenida a los nuevos...y así el ciclo se va repitiendo, quedándole sólo a los que viven ese ciclo en su parte baja que esas envidias y nostalgias no les terminen por amargar la existencia.

Yo, por mi parte, he llegado al fin de un ciclo. No puedo más que resignarme y tomármelo con filosofía, cediendo el testigo a otros nuevos universitarios y estudiantes de movilidad internacional a los que miro ahora y digo "tranquilos, seréis unos nostálgicos y envidiosos como yo. Como todos".


jueves, 1 de agosto de 2013

El eterno retorno

Volver al 19 de septiembre de 2012...y vivirlo todo de nuevo. 

Cruzar el Ponte Coperto para ir a una fiesta en una casa en la que nos desalojan rápidamente. Beberme una fragola en las escaleras del Duomo mientras alguien toca una guitarra. Abrir las puertas de Casa Fagioli de noche a gente que nunca he visto. Cantar en el karaoke del Raise un tema español como si no hubiera mañana. Acariciar a Moka porque no ha parado de mover las patas delanteras de arriba a abajo. Destruir casa de Dito. Gritar improperios por un partido de fútbol en el Black Bull con una cerveza de litro a salvo de mis aspavientos. Hacer una apuesta con pistolas de bolitas. Volver echo peazos de Nirvana y tirarme en el sofá a charlar con los Álvaros de las jugadas de la noche. Pasear por Strada Nuova camino de casa de Pelayo y Jorge para tener una cena absolutamente impredecible...impredecible, ésa es la palabra. 

Hace más ya de un año que apliqué para la beca de Doble Titulación, ésa que para mí ha sido una segunda Erasmus de tapada. Recuerdo que no había oído hablar de ella antes, que no sabía bien en qué consistía cuando entré en la aplicación informática, y que lo único que me importaba era que mi perfil se ajustaba a las bases de la convocatoria. Yo no estaba nada convencido y me daba pereza moverme para inscribirme porque quedaba muy poco tiempo, pero el que ya había sido mi coordinador Erasmus me animó para que aplicara, que si era seleccionado ya tendría tiempo de rechazar mi plaza. Y encima en mi casa no es que estuvieran muy convencidos. Como ocurrió con Siena, en el último día, con problemas informáticos de por medio que implicaron el moverme hasta la sede de Relaciones Internacionales de la Universidad para que específicamente me abrieran la aplicación a mí en vivo y en directo porque no me dejaba, apliqué, esta vez sin mucha esperanza de ser seleccionado, pues me daba la sensación de que esta beca era algo más "seria" que el Erasmus. Pero como diría Malcolm en Jurassic Park, "todo es caos", y el caos no se puede predecir. 

Las lágrimas de mi amiga Laura cuando le conté simplemente que había aplicado ya me dijeron algo. "¿A quién van a coger si no?" me decía. "Pues yo que sé, a cualquier otro, con las ganas que tiene de irse la gente fuera...". Pero se ve que "Erasmus" tiene más tirón que "Doble Titulación", y que Pavía no es tan conocida como Milán. Una noche, la primera que debía pasarme estudiando sin dormir para un examen que tenía al día siguiente, en uno de esos múltiples descansos causados por el aburrimiento me metí en Tuenti. Sí, esa red social que ya apenas si entro. Y tenía una petición de amistad con un mensaje añadido. Un tal Adrián me decía que yo le aparecía como el titular de la otra de las dos plazas para Pavía de Doble Titulación, y que a ver si nos poníamos en contacto. Gracias, Adrián, tardé dos horas en volver a concentrarme para ese examen. 

¿Y por qué cuento todo esto? Pues porque ahora miro atrás y me hace gracia acordarme de todos esos momentos en los que todo pasaba muy rápido, como seguramente a todos los que se fueron este año a Pavía, y ninguno de nosotros tenía ni puta idea de lo que nos esperaba, de quiénes íbamos a conocer, de lo que íbamos a vivir. Sí, de un año Erasmus había oído hablar todo el mundo, y sí, yo ya había hecho uno con lo cual podría atisbar algo de lo que me aguardaba...pero no.  

Yo llegué a Pavía con casi más respeto al año que me esperaba que al primero que pasé fuera. Por diversas razones. Porque el Erasmus era algo que sí tenía en mente desde el principio, pero esta beca no. Porque aunque ya sabía italiano medianamente bien, venía a estudiar en inglés, el cual tenía bastante olvidado. Porque a pesar de conocerme algunas regiones de Italia justamente el noroeste nada de nada. Pero sobre todo por miedo a las comparaciones. Cuando ya has hecho un Erasmus y te vas poco más de un año después de haberlo acabado de nuevo a Italia, a una ciudad también pequeña que antes te era desconocida, pues es normal que te vayas con la idea de ir a estar comparándolo todo: lugares, viajes, gente, universidad, hábitos nocturnos, clima, fiestas...y al principio, aunque no lo comentara con nadie y lo intentara ocultar, interiormente así era: pues en Siena cuando bebíamos...pues en Siena la gente era...pues en Siena mi casa...pero poco me duró. Al igual que la primera vez, mi Erasmus se iba cargando de momentos extraños, mágicos, divertidos, grandes anécdotas que recordar una y otra vez, noches que empezaban con una inocente copa en mi casa y terminaban a la 1 del mediodía llamando a casa de un amigo con un vaso en la mano con agua y las lentillas dentro, habiendo pasado por unas cuantas locuras en Milán. Cada día que me levantaba en Pavía la sensación era la misma: "no sé qué me va a ocurrir hoy". Incluso dentro de la rutina de días que debían ser calcados unos a otros encontrábamos siempre algo diferente y nuevo que vivir, era algo tan simple y antiguo como el carpe diem en sí mismo. Qué tópico, ¿no? Y es que son más de uno y más de dos y más de 10 las personas que coinciden conmigo en que, por muy intensamente que vivas el día a día en tu vida, el Erasmus es un paréntesis que por ahora, para mí y según la poca experiencia que tengo, lo supera todo. 

Hace poco he leído el comentario de una de mis amigas de Pavía, una de tantas que hace un año no conocía ni la cara y que ahora de repente me dice muchas cosas. En él comentaba el cómo puede cambiar una simple decisión. "Pavía" y una casilla al lado donde marcar una X, o poner un orden numérico. Poner un 1 en vez de un 2 por una serie de razones que en ese momento te pueden estar pareciendo muy banales, y de repente acumuladas a lo largo de un año adquieren una importancia descomunal. Había otras ciudades, donde se hubieran generado otras historias, y estas historias, sobre todo, hubieran estado compartidas con otra gente. Los que hemos estado en Pavía seríamos nada, no existiríamos por así decirlo para quien por un cambio de chip en ese pasado hubiera cambiado el orden de preferencia. Pero no lo hizo, ni yo tampoco, y lo impredecible se convirtió en mi destino. Sí, queda poético pero es verdad, todo suceso una vez pasado se puede decir que era el destino el que quería que ocurriera así, creamos o no en él. 

La idea del eterno retorno es misteriosa y con ella Nietzsche dejó perplejos a los demás filósofos: ¡pensar que alguna vez haya de repetirse todo tal y como lo hemos vivido ya, y que incluso esa repetición haya de repetirse hasta el infinito! ¿Qué quiere decir ese mito demencial? 

Así comienza "La insoportable levedad del ser", de Milan Kundera. Pues no sé qué querría decir Nietzsche, pero para mí tiene un significado muy claro: hasta el infinito no, pero aunque ya no tenga esa magia de lo impredecible, yo volvería una vez más al menos al 19 de septiembre de 2012, y lo viviría todo de nuevo. 

Volvería a amargar a la gente de Pavía cada dos por tres con rimas, incluso a sus madres, y les diría todo el rato que se llevaran ésta. Vería de nuevo a los Álvaros de Madrid bailar una canción de reggaeton con coreografía incluida. Y a Pelayo y Jorge viniendo a mi casa en pijama a despertarme después de que anoche me desalojara la policía de su casa. No pararía de escuchar a Pedro a todas horas gritando "¡SE LIAAA!" como si le pagaran por ello. Los de la ESN estarían organizándome todo el día miles de fiestas y viajes cual complot judeomasónico para que no pare de gastar y suspender. Alessandro de Amico Erasmus me emborracharía cada vez que saliese por Milán. Dito y Valverde volverían a estar todo el día echos peazos. Irene volvería a chocar conmigo las chapas del Clan del 19. Violeta volvería a regalarme una camiseta que ponga Allontanarsi dalla linea gialla. Mar haría de nuevo conmigo el símbolo de victoria política con el himno del PP de fondo. Carlos me deleitaría de nuevo con su sonrisa imborrable de "yo ya voy como las grecas". Vería de nuevo a Aria cogerle los bongos a un desconocido y tocárselos (y los bongos también). Las andaluzas (y Visitación) invadirían mi casa con la excusa de robar internet cuando en realidad saben perfectamente que vienen a verme a mí. Astrid volvería a decirme alguna guarrada digna de elogio. Llegaría a mi casa y escucharía roncando a Fuchsia en el baño porque se ha quedado dormida, o en su defecto Katie me llamaría para que la ayude a traerla a casa. Noèmie y Julie bailarían de nuevo una canción francesa pegadiza en mi salón. Andrés seguiría ciclándose y en la papela más absoluta. Erdem nos enseñaría más obscenidades en turco. Nuria Fergó sacaría un nuevo hit. Azahara seguiría cagándose en mis castas a raíz de que una noche le organizara una buena en su casa y encima le partiéramos el cristal. Oleñka y Clara volverían a aguantarme chistes malísimos en el coche camino de Milán a pagar el Oktoberfest. Volvería a meterme con los catalanes delante de Anna. Usaría de nuevo a Laura Pardo y Sara Siguero como profesoras improvisadas en la nieve. Cada vez que viese a Giggio seguiría gritando "¡Tocayooo!". CAAAAAROL, ERES TÚ, CAAAROL, SOLAMENTE TÚ. Oihanne y Marta se volverían a sorprender al verme una mañana durmiendo en su sofá. Volvería a ver a una conejita celebrando su cumpleaños en la primera semana para luego descubrir que se llamaba Ana Cris. Seguiría habiendo por Pavía una puta granadina... Los "¡HOLA ANA CARLOTAAAAA!" volverían a estar a la orden del día. Blanca, Miriam y Kiku seguirían teniendo que aguantarme cantando "Lady Valladolid". Seguiría sorprendiéndome con los gritos de Rocío y Melody a la italiana del bus en el Evento Nazionale. Gianluca me seguiría trincando tol pepino. Marco habría aprendido aún más español informal por mi culpa. Alessio seguiría siendo un maldito "magnaccio". Laura volvería de sacar a Moka y ésta daría saltos por todo el salón. Casa Fagioli definitivamente sería declarada zona catastrófica. Sara sería capaz de seguir aún moviendo las caderas bailando "La Gasolina". Cristina se acojonaría de nuevo pensando que ha perdido el DNI en el aeropuerto de Bari. Iza zeguiría ceceando. Nora sería RRPP de otro sitio más. Javi seguiría de Erasmus en Roma. Jaime seguiría rodeado de arcoíris y elefantes rosas. Gabriele Mele estaría con él. Nora y Dorka continuarían con esa sonrisa en la cara. Natalia seguiría rescatando a Grecia en la distancia. Las pucelanas Raquel, Fuertes, Laura y Bazán todavía tendrían dulzura que repartir. Eva aún no habría pisado la Golgi y seguiría cual moribunda durmiendo de casa en casa. Rita aún ni habría llegado a Pavía de lo tardona que era la japuta. Elena seguiría invitando a to kiski a colacaos en su casa. Jordi y Kike estarían estudiando en casa. A Carlota todo en la vida le seguiría pareciendo maji. Patxi me pagaría por fin el alquiler de mi casa. Augusto seguiría siendo buscado por desaparición. Le haría otra lista de expresiones andaluzas a Isabel Roscoe. Jordi Alsina volvería a destrozar su vida por nuestra culpa. Cristina Dominga y Soraya seguirían visitando Pavía de vez en cuando. No pararía de ver a gente por cada calle, en cada botellón en el Duomo, en la Cantina o donde fuera: a Rafa, Víctor, Pedro, Cristian, Alejandro, Adrián, Fernando, Paco, Carmen, María de Sevilla, las voluntarias Aya e Irene, Emi, Irene de Málaga, Bismarck, Dario, Raquel con su vocecita e Irene la asturiana, las Belenes de Milán que tanto me ayudaron alguna vez, Cath, Charlie, Onur, Furkan, Mustafa, Yves, Morgane, Claire-Sophie, Pia, Julia Po, Mona, Julien, Alex, Paulina, Kinia, a no sé cuantos de la ESN, Will, Fox, Giovanni, Alessandro, Sergi, Gigi, Ceci...y todos los que me dejo en el tintero, sois muchos. Y de entre todos ellos, una persona muy especial me seguiría aguantando, gymcanas de 5 horas incluídas...aún no sé ni cómo ni por qué. 

Hoy hace justo una semana que dejé Italia. Y como muchos, estoy aún bajando de la nube, creyendo que en cualquier momento puedo volver a esa vida tan impredecible, volver como dije al principio al 19 de septiembre de 2012. Pero no lo voy a hacer, y en verdad, me alegro. Me alegro porque aunque duela, la vida y lo que hay en ella es bella porque acaba, porque es efímera, y realmente no podemos poner en práctica la teoría del eterno retorno. Si no fuera por ello, no habríamos vivido este año así, tan intensamente, tan impredecible. 

Doy gracias a lo efímero.
Doy gracias al carpe diem.
Doy gracias a lo impredecible.
Pero sobre todo, os doy las gracias a vosotros.


martes, 25 de junio de 2013

Últimos 30 días

Salir de un examen tipo test con más convicción de haberlo suspendido que aprobado, que se juegue un amigo tuyo contigo un botellón a que lo vas a aprobar aunque sea bajando el profesor el número mínimo de respuestas acertadas, y deberle a tu amigo un botellón. Volver de Sevilla un martes por la tarde, ir esa noche a una macrofiesta en un colegio mayor con piscina y 2000 personas bañándose, empezar a estudiar una asignatura el miércoles a las 4 de la tarde, ir el jueves a las 11 a ese examen y aprobarlo. Tener 4 días completos para estudiar un parcial de una asignatura en Sevilla, el cual se hace con legislación, salir del examen con buenas sensaciones y sin estar preocupado, que salgan los resultados, haber hecho bien las preguntas de teoría que eran de estudiar y no las prácticas que eran con la legislación por delante, y suspender. Ése soy yo y ése es mi resumen de las últimas semanas. 

Y la verdad, podría estar algo preocupado de tener que presentarme a otro examen más en septiembre, pero hoy, 25 de junio de 2013, quedan exactamente 30 días para que acabe este sueño. Fi de cicle, como diría Pep. Hace un tiempo, cuando había transcurrido el primer mes, decía "buah, me quedan todavía 9 meses". Ahora, como si hubiera pasado un embarazo (aunque nada parecido, la verda), no queda nada como quien dice. Ya han empezado las primeras despedidas. E incluso gente que ya se había ido ha tenido tiempo de volver a hacernos una visita. Por ahora no se me hace duro, sin ánimo de que los que se están yendo se sientan menospreciados. No es eso, ni mucho menos, pero es cierto que echo la vista hacia delante  y sé que un mes de Erasmus da para mucho. Al igual que en el primer mes, con miles de gestiones de papeleos de llegada, burocracia, enterarte de asignaturas y demás de por medio, dio tiempo a mucho, sé que este último puede ser muy amortizado. Pero algo me dice que si el primero se pasó lento, éste lo hará rapidísimo y cuando me quiera dar cuenta estaré escribiendo la entrada en mi blog de despedida. 

¿Suenan estas palabras a despedida y tristes porque esto se acaba? Evidentemente. Pero, como colofón a este post, me quedaré con lo bueno, al igual que sólo me quedaré con lo bueno al terminar este año: me queda un mes para disfrutar del buen tiempo, las cervezas en Piazza Vittoria, los aperitivos, la playa por qué no, los botellones en el Duomo, las salidas por Milán, tomar el sol en el río, los cafés a cualquier hora, y cualquier plan que quien esté leyendo esto me quiera ofrecer. 

martes, 4 de junio de 2013

EN2013

Sábado 25 de mayo de 2013. 13:15 de la tarde. Carlos y yo hemos dejado el buffet del hotel hace unos minutos, haciendo lo que se llama una buena amortización de lo pagado. Hemos tardado poco en subir a las habitaciones, lavarnos los dientes, mirarnos las caras en el espejo para comprobar que han tenido momentos mejores y coger las botellas de plástico llenas de bebida, esas de las cuales ya hemos gastado alguna que otra y que afortunadamente puedes deambular con ellas por donde quieras del complejo. 

El día es soleado pero no hace excesivo calor. Lo suficiente para ir en bañador y sin camiseta y estar a gusto, y no demasiado como para morirte por la resaca que llevas. A pesar de que Il Valentino Grand Village está en medio del campo y a pocos minutos de autobús de la playa, ésa que esta tarde visitaremos para tener mi primera y última fiesta diurna, no se escuchan cigarras. Ese silencio me lo confirma: temperatura óptima. Lo único que escuchamos camino de la piscina, a donde vamos para pegarnos un baño y hacer tiempo mientras calentamos motores bebiendo antes de la fiesta, es el ruido de nuestras chanclas contra sustancias pegajosas del suelo que esperemos sean, al menos en su mayoría, restos de alcohol no limpiado, y el rumor de gente abriendo y cerrando puertas de habitaciones, y gritándose unos a otros que se aligeren, coge la bebida, illo no veas lo que nos ha pasao. 

No vamos hablando de nada en particular cuando mi mirada detecta a unos metros algo gracioso: en el pasillo al aire libre de la planta baja, por donde vamos Carlos y yo, hay dos chicos bebiendo fuera de lo que se supone es su habitación, "hechos peazos", bañadores de flores y gafas de sol como atuendo. Nada llamativo que no hayamos parado de ver todos estos días. Pero me llama la atención que están sentados en los sillones que tiene toda habitación del hotel. Mientras vamos llegando a su altura escucho algo de lo que dicen: españoles, cómo no. Me parece digna de elogio la ocurrencia de los sillones, así que al acercarme a ellos suelto una frase (poco original, todo hay que decirlo) estilo olé olé qué grandes. Sin réplica por su parte, directamente me señalan a nuestra izquierda, justo delante de ellos:

- ¡Os habéis perdido a nuestra amiga Alba!

Carlos y yo giramos la cabeza, hacia unas escaleras que suben al primer piso de este edificio del hotel. Allí está la susodicha Alba, entendemos que otra española, sentada fumando, también con bebida, y en bikini amarillo. No me preguntéis por qué recuerdo el color. Miramos a Alba mientras deceleramos el paso para comprobar qué era lo que nos habíamos perdido. Alba nos mira, eleva la mano que le queda libre sin cigarro hasta el top de su bikini, y se lo baja. 


Bienvenidos al Evento Nazionale 2013. 

Lasciate ogni speranza voi ch'entrate. Como si entráramos en el Infierno, así nos recibió una inscripción al entrar en la primera fiesta nocturna del Evento Nazionale, ese evento que congrega todos los años a más de 2000 Erasmus de toda Italia durante un fin de semana en un complejo hotelero del sur de Italia. La frase venía al pego: no te has gastado 300 € entre vuelo, Evento, bebida y compras varias para venir aquí y hacerte el responsable. Y más sabiendo que posiblemente sea el último viaje grupal de tu Erasmus y tu última oportunidad de auténtico desfase antes de ponerte con los exámenes. 

Ayer hablé con un chico inglés que vino al Evento y que no veía desde entonces, entre otras cosas porque he estado un poco recluído. Me dijo que llevaba toda la semana pasada recuperándose, y que aún necesitaba horas de sueño y de reposo del hígado. No es para menos: nosotros ya hicimos previa el día anterior a bajar al sur, saliendo de fiesta para despedir a Rita y celebrar el cumpleaños de Sara, y dormimos escasas dos horas. Sumadle a ello un día entero viendo Bari, 18 horas al día de fiesta, 6 litros de tinto con limón, 3 litros de ginebra con naranja, vino peleón ilimitado en almuerzos y cenas, copas a 3 euros en la discoteca, excursión a la playa, una hora de sueño la última noche del Evento y 15 horas en el aeropuerto de Bari esperando a irnos. 

Da igual que nos perdiéramos la primera fiesta de por la tarde porque nuestro autobús llegó de los últimos: el presidente de la ESN Pavía ya llegó como las grecas y sin poder enfocar bien la mirada, y nosotros empezamos a pimplar antes de la cena. Da igual que nos perdiéramos la fiesta de la espuma del segundo día porque nuestro autobús de la playa tuviera un encontronazo con una moto, el conductor tuviera que dar parte y estuviéramos 2 horas en una gasolinera: toda excusa es buena para beber, reírte de la mala suerte y organizar una fiesta del azúcar en el autobús. 



3 días y 3 noches. 6 fiestas temáticas. Alcohol propio portable a cualquier lado, incluyendo la increíble discoteca de la foto de arriba estilo anfiteatro romano. Almuerzos y cenas donde te encontrabas gente disfrazada y cantando en las mesas y comiendo como si no hubiera mañana. Botellones en las terrazas de la habitaciones y en la piscina. Fiestón en la playa incluido. Pocas horas de sueño. Mucho pseudo Red Bull marca-supermercado-barato-de-Bari. Mucho sol. Mucha risa. 

El Evento Nazionale se me pasó, literalmente, volando. No hubo descanso. Llegué el domingo al aeropuerto pensando que cogíamos otro avión para seguir continuando la fiesta, que aquello no era más que una pausa para, como dijo Kike, morir tranquilamente en algún lado. Así es el Evento, por si no hubiera sido suficiente, te deja con más ganas de las que tenías antes de llegar. 

Todo lo que he escrito en estas líneas intentan reflejar la locura concentrada en 3 días. Es el éxtasis de ser Erasmus y estar viviendo el final de la aventura. Es querer aglutinar todo lo vivido en un año en un fin de semana. Pero claro, eso es imposible, y es normal que te falten días. Pero para ello ya está la vuelta a la "calma" que se vive como estudiante Erasmus en Italia sin estar en el Evento Nazionale. Que ya es decir. 

sábado, 18 de mayo de 2013

Abuelo y cumpleaños

En este blog ya he hecho varias veces alusión a que el tiempo que vivimos debería contarse con otra medida que no sean los años. Pero al final a todos nos pueden las tradiciones y, aunque intentemos llevar una filosofía de vida llámese carpe diem, un cumpleaños es un cumpleaños. 

La semana pasada tuve la visita de Alberto, alias "el Abuelo", uno de esos personajillos de mi primer año en Italia. El apodo se lo ganó por el hecho de ser uno de los dos mayores del grupo, por tener un comportamiento serio y formal, y un aspecto de persona responsable. Hasta que se ponía a beber. Pero su época dorada como Erasmus pasó hace dos años y el chaval desde entonces ha encontrao trabajo y se ha formalizao. 

Voy a recoger a este hombre a Milán con Bea por la noche y nos volvemos en el penúltimo tren a Pavía. La idea es pasar la media hora de trayecto hablando con él y contándonos mutuamente qué tal nuestras vidas porque aunque hemos mantenido algo el contacto no nos veíamos desde Siena. Pero dos borrachos (y a saber qué mas) italianos se sientan con nosotros y se nos ponen a dar la chapa todo el camino hablando de lo humano y lo divino. Pero una chapa intensa, ¿eh? No una chapa cualquiera, no. No sabía si reírme de la situación, estar nervioso porque se bajaban en la misma estación que nosotros, o llorar porque uno de ellos tenía cáncer (o eso nos dijo). El caso es que para más inri el tren se para 15 minutos en mitad de la nada por algún problema y hay amagos de que se vaya la luz en todo el tren. Totá, que llegan las 12 de la noche, acabo de cumplir oficialmente 24 años y me encuentro en un tren parado entre Milán y Pavía rodeado de dos alcohólicos que están más pa allá que pa acá. Menos mal que el tren definitivamente se mueve,  llegamos a la estación y los dos locos se van. Yo voy saliendo totalmente empanado (por otra parte como suele ser habitual) por la situación vivida y por ir pensando en ir a casa a dejar a este hombre y su maleta y tirar para el Duomo porque todo el mundo está bebiendo allí. Pero cuando salgo de la estación escucho unos gritos que gracias a mi empane tardo unos segundos en entender que se han aglomerado todos allí y me están dando una sorpresa. La primera fiesta sorpresa que me han organizado nunca. Con carteles con mi cara y todo. Maldito viento que hace que se me metan cosas en los ojos... 

El jueves, día oficial de mi cumpleaños, me siento obligado a ir una clase de "Filosofia del diritto" en la que el profesor está literalmente LOCO, tiene 78 años y no para de gritar improperios a los alumnos y tomarla con los españoles. Todo precioso y un perfecto regalo de cumpleaños. Mientras, el Abuelo se ha quedado con Pelayo, y al salir de clase Bea me dice que tiene que ir a casa de una amiga y le pilla de camino así que me acompaña al Castello y me reúno con estos dos. Seguimos avanzando por el jardín del Castillo porque me dice Pelayo que hay una cafetería con terraza donde tomar algo. Y allí, pasados unos setos, en un parque infantil, vuelve a estar todo el mundo. Con pancartas, comida, bebida, una tarta (con velas de estas de hijadeputa) y regalos. Según me dicen luego esta sorpresa era todavía más evidente, pero definitivamente tengo que hacérmelo mirar porque no me estaba coscando de nada.


No una ni dos, sino DOS fiestas sorpresas de cumpleaños. Menudo poder de convocatoria hermanos, ni Cristiano en su presentación en el Madrid. Una tarde de sol y calor buenísima para pasarla con amigos. Y por la noche, Milán. Echos peazos es poco para como terminamos allí. Megáfono comprado a moro, botella de champán en reservado patrocinada por Alessandro y el cumpleaños del menda, salir a tomar el aire y que se nos acerque un treintañero metiéndose coca con billetes de 100 €... todo muy lombardo.

El viernes la idea inicial era hacer una barbacoa en casa de Kike y Jordi, pero el tiempo no acompaña y me voy con Alberto a que visite Milán de día y así no hacer que se sienta tan mal el chaval por no estar haciendo nada de turismo. Como a la mañana siguiente nos tenemos que levantar a las 6 (SÍ, A LAS 6) de la mañana para ir a Lago Maggiore, el plan de cena y frágola del Raise de tranquileo apetece bastante.

Nunca ha habido tanto silencio en un tren con más de 10 Erasmus españoles metidos en un mismo vagón. Dormidos como marmotas llegamos a Stresa, pueblecito de Lago Maggiore, con un día sin una sola nube y calor. Aquello parece de juguete y me recuerda a la típica ciudad construida por Disney en la que todo es ideal y nunca ocurre ningún suceso porque todo está hecho para que vaya perfecto.



Mientras algunos se quedan tomando en sol en un parque al lado de la orilla del lago, otros cogemos un barco pequeño que nos hace paradas en las islas Madre, Pescatori y Bella. Dos de ellas son privadas (te bajas, puedes dar una vuelta pero para entrar a cierta parte de la isla tienes que pagar). Aún así, no sé si influía mucho o poco el día que hacía pero son preciosas. De nuevo pueblecitos muy cucos como diría mi hermana, casas de colores, calles estrechas y todo muy idílico y tranquilo.


Al volver del recorrido por las islas nos unimos a los tanoréxicos que se han quedado haciendo lo mismo que podrían haber hecho en un parque de Pavía sin tener que levantarse a las 6 de la mañana, y echamos un rato al sol cual lagartos. Algún loco de nuestro grupo se baña en el agua congelada del lago y me invitan a hacerlo (lo del baño) pero NI DE COÑA. Volvemos a Pavía reventados no, lo siguiente, con todavía más silencio si cabe en el tren, y mientras el Abuelo duerme en casa porque se tiene que levantar temprano para coger el avión a mí no se me ocurre otra cosa que irme a casa de Aria a continuar la fiesta. 

Normalmente la gente celebra los cumpleaños. Y yo también, aunque nunca he sido mucho de organizar fiestas o cenas por ello. Pero si no lo he hecho es porque, la verdad, un cumpleaños puede tener motivos de celebración, pero también motivos de desánimo: "joder, ha pasado otro año", "soy un año más viejo"... Aparte, lo considero una excusa mala (como los fines de año, días de la madre y del padre, aniversarios, etc) para celebrar un sólo día al año algo, cuando se debería celebrar constantemente. ¿No debería ser al revés, festejar 364 días del año y el día de tu cumpleaños estar triste porque "te queda un año menos"? Sería una filosofía que si nos la plantearan desde pequeños nos tomaríamos la vida de otra manera. 

Sin embargo, gracias a toda la gente que estuvo presente con tantos detalles y regalos (y no sólo me refiero a regalos materiales, los regalos fueron mucho más allá que eso), y a las dos sorpresas que maravillosamente preparó alguien, sí tuve motivos para celebrar mi cumpleaños y olvidarme completamente de las otras reflexiones que suelen venirme a la cabeza en este tipo de días. Gracias de verdad a todos. Me habéis hecho sentirme especial. Posiblemente penséis que no hayáis hecho nada por simplemente venir a una sorpresa, enviarme un mensaje, una foto, hacerme una camiseta, una tortilla o una tarta, escribirme pancartas y recibirme con ellas o dejármelas en mi cuarto... os equivocáis. Habéis hecho y mucho, y cada uno de los pequeños gestos y detalles de estos días me han emocionado, son difíciles de superar y nunca los olvidaré. No me cansaré de decirlo, aunque alguien piense que no debo hacerlo, pero GRACIAS. Os quiero un montón. 

Y ahora, os invito a celebrar conmigo los otros 364 días del año.